domingo, 10 de marzo de 2013
Emociones internas
"Un solo día bien vivido es preferible a una eternidad de errores" (Cicerón)
Mi última visita al 'Colosseo' fue para ver un concierto multiétnico que ponía el broche de oro a la exposición Roma Caput Mundi. Allí conocí a un español que completa su excedencia de dos años en un monasterio benedictino de la ciudad. Él, en realidad, es un monje de clausura que vive, desde hace casi tres lustros, encerrado entre muros cistercienses en una localidad de Palencia. Sin internet, prensa, radio, teléfono, vacaciones... Sin nada que no sea la oración, el estudio, el cultivo del huerto o el cuidado de vacas. Una vida ascética al servicio de una creencia. "Hace años recibí una llamada, una señal que no sé de dónde venía, pero me indicaba que esa vida la quería para mí". Fue su respuesta a mi pregunta, obvia, sobre ese camino.
Para comprenderle, sólo tuve que extrapolar esas señales a otras cosas, quizás más mundanas (o no), que han llamado a mi puerta. O bien, hacer caso a mi cubo de Rubik o mi puzzle para afrontar las ideas desde todos los ámbitos posibles y, sobre todo, teniendo en cuenta que los hilos que mueven el mundo están directamente relacionados.
Hace años que tengo sensaciones fisiológicas cuando me hablan de Roma. Una mezcla de cosquilleo, ilusión, nerviosismo e inquietud. En cada recorte de periódico (iluminado por la llama del cerebro), en cada comentario, en cada mención de la ciudad visto u oído. Desconozco los motivos, pero sí sé que me nublo hasta tal punto que me impide ser objetivo y todo lo crítico que quisiera. Veo la realidad cada día, pero la interpreto porque me siento contagiado. Así sólo obtengo información sesgada, mutilada. Eso me resta credibilidad y me convierte en sospechoso de mí mismo.
Indago en un país -de momento sin primer ministro- capaz de dar a luz a seres tan contrapuestos como Donatello o Berlusconi, en una ciudad que carece de Papa durante días, que vive inmersa en una 'omertá' (ley del silencio) que la maniata y manipula. Observo la devoción hacia el demagogo Grillo, un ventajista que reina en el caos abusando de las nuevas tecnologías y la incredulidad de la gente. Veo, indago y pregunto. Y mientras menos comprendo más me gusta todo.
Italia en general, y Roma en particular, son así, pero ellos están encantados de llamar la atención haciendo uso de lo que siempre han hecho y les mantiene con vida: la sinrazón. Porque, en el fondo, ¿quién no piensa que pensar demasiado es nocivo? ¿quién no cree que el 90% de los problemas son producto de nuestras incorrectas interpretaciones? ¿a quién no le gustaría alejarse de la realidad para poder verla más cercana?
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tienes toda la razón! además considero que a los italianos les encanta sentirse diferentes y llamar l atención aunque sea por cosas como votar de nuevo a Berlusconi... en fín! complimenti!!
ResponderEliminarGrazie!
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